Sal común, sal integral y pseudosales

Sal ¿sí o no? Esto tiene una respuesta: Sal SÍ si es integral. Sal NO si es refinada.

Todo producto de la naturaleza proviene de una gran fuente integral (integrada) y es esa la calidad más exquisita de cada elemento. En ese estado de pureza es donde se conservan sus propiedades genuinas, aquello que nos conviene ingresar al cuerpo para la salud.

La sal es un componente esencial para la vida, es un componente importante de nuestro plasma sanguíneo, la linfa y demás líquidos del cuerpo. Lo que mucha gente no sabe es que mientras la sal refinada de mesa es sumamente perjudicial para la salud, la sal integral natural es curativa.

El problema es que el hombre parece querer controlarlo todo, y no le basta con comercializar algo que existe de forma natural, sino que se le hace casi necesario manipularlo cuantas más veces pueda. Es querer creer que la naturaleza es imperfecta y utilizar las máquinas para asegurarnos que así sea. Y ahí vamos procesamiento tras refinamiento hasta dar como producto final algo que parece, pero no es. Por supuesto, la sal no escapa a ello.

Ahora que creemos haber aleccionado a la naturaleza, nos queda otra batalla por librar: convencer a los que tienen que comprarlo. Bueno, eso era antes, en los comienzos porque hoy ya vamos solitos a pagar por esos venenos refinados. La realidad es que tenemos una idea muy pobre de lo que son los alimentos, ciertamente, hemos creído lo que nos han vendido. ¡Qué bueno es que en la actualidad podamos reunirnos con infinidad de información que hacen verdaderamente a la salud y la expansión de la consciencia sobre los cuidados del cuerpo!

La sal común de mesa refinada es un producto que casi en su totalidad (99%) contiene cloro y sodio, dos minerales que tienen un impacto directo sobre el sistema circulatorio y los riñones principalmente. También contiene yodo y absorbentes de la humedad secados a altas temperaturas que afectan los beneficios de la sal en su estado natural.

La O.M.S (Organización Mundial de la Salud) recomienda no superar la dosis de 5 gramos al día (1 cucharadita tamaño té). En su justa medida los componentes tienen la posibilidad de circular y eliminarse, pero este dominio escapa a la persona que lleva una alimentación convencional, es decir, que consume alta proporción de alimentos industrializados-procesados ya que tanto para alimentos salados como dulces se utiliza sal. La sal como conservante tiene un alto rango y es capaz de matar las bacterias producto de la descomposición de los alimentos. En cierta forma comemos alimentos que debieran estar putrefactos, pero entre la sal, el cloro y demás estrategas químicos la industria se encarga de “hacérnosla pasar muy bien”. Entonces, ¿cuánto de estos minerales en verdad consumimos al día?

Por eso los que trabajamos en nutrición consciente insistimos en focalizar y aumentar lo máximo posible el consumo de alimentos vegetales naturales, sobre todo frutas frescas, verduras frescas y semillas de todo tipo (sin agregado de sal) ya que aportan una excelente dosis de potasio que es el mineral que contrarresta los efectos nocivos del sodio en las arterias y, a su vez, los demás componentes vegetales como las pectinas y demás son capaces de propiciar mejores evacuaciones intestinales y renales para la eliminación del cloro. Pero la proporción en la ingesta debe ser alta, se estima que por 1 parte de sodio debieran incorporarse 17 partes de potasio para mantener el equilibrio interno. La pregunta es… ¿lo hacemos?

Y en función de la respuesta es por donde aparecen las enfermedades. Nuestro cuerpo no falla, solo compensa. Si en este momento te encuentras con un desequilibrio de sus funciones, edemas, hipertensión arterial general o pulmonar, problemas renales o del sistema circulatorio, antes de pensarte enfermo crónico hazte la pregunta: ¿qué proporción de todo lo que consumo en el día proviene de lo que se llama “alimentación viva”? Sobre todo, como mencioné en el artículo anterior donde hablo acerca del azúcar y la salud, tener presente que hay una relación directa que acusa que la hipertensión arterial está mucho más relacionada con el consumo de azúcares refinados que con la sal.

Esa sal refinada que se desliza por entre los dedos con tanta delicadeza, ese color blanco y ese sutil sabor que realza lo mejor de cada alimento… ¡quién puede resistirse! Bueno, si vamos por ese camino, entonces mejor elegir bien así podemos aprovechar los beneficios de este elemento en su forma integral.

Si has leído mi artículo anterior que habla acerca del azúcar, sabrás que el hecho de ser integral la hace mucho más completa y con unos aliados alcalinizantes bastante más convenientes para el cuerpo. Lo mismo pasa con la sal. Si es integral, mejor. Y hay 3 fuentes desde donde proviene la sal:

• la sal marina (del mar) o de manantial provienen de salinas.
• la sal de gema (halita) provienen de rocas: Himalaya, India…
• sal vegetal (sal verde) con potasio y magnesio que proviene de la planta Sarcocornia ambigua.

 

Todas ellas contienen cloro y sodio en menor proporción (86%) y el restante de elementos naturales que hacen al efecto amortiguador en la sangre. Hay estudios que afirman las propiedades curativas de la sal integral natural, y basta con ver cómo las personas en el mar se revitalizan. Por otro lado, al ser de manipulación prácticamente artesanal almacenan en sí energía vibratoria que es de gran beneficio para el cuerpo.

Por otro lado, la sal vegetal o “sal verde” que proviene de la planta Sarcocornia ambigua, es alta en potasio y aún su proceso

¿Y las pseudosales, entonces? Las también llamadas “sales falsas” son sales tratadas industrialmente a las que se les quita hasta un 70% del sodio de la sal común, pero, por el contrario, el cloro aumenta unido a elementos que lo necesitan para su equilibrio. Según mi criterio está demás seguir por esta vía: son refinadas, si no tienen sodio contienen otros elementos peligrosos como el aluminio, amonio, cloruro de potasio… pero, sobre todo, minerales químicos artificiales, no naturales. Son compuestos que hacen trabajar demasiado a un hígado que ya tiene bastante con lo que tiene.

Patricia Robiano

Patricia Robiano

Nutricionista at Patricia Robiano
Licenciada en Nutrición (Bs.As. UBA – M.N.3158)
Diplomada en Nutrición Humana y Dietética (ESPAÑA)
Técnico Superior en Coaching Personal (ESPAÑA)
Postgrado en Psicología Vincular-Familiar (Bs.As.) y actualmente integrando a mis conocimientos Psicología Social y Psicoanálisis.
Autora del libro “Mentes Delgadas, Cuerpos Saludables de autoayuda en el adelgazamiento”, y del libro “Puesta a Punto” de cuatro semanas para una depuración cuerpo-mente, ed. Urano.
Directora de www.patriciarobiano.com.ar donde se nuclean actividades sobre Salud Consciente.
Miembro de la AADYND (Asoc. Arg. de Nutricionistas) y de la SATF (Soc. Arg. de Terapia Familiar).
Escritora y Conferencista Internacional
Colaboradora en medios radiales, gráficos y televisivos de Argentina y España.
Patricia Robiano
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