El vino tinto como remedio natural

Por Tanja Hirschsteiner, autora del libro “Remedios Naturales” de Editorial Albatros.
El vino ha contado siempre con un significado especial para el hombre. Se lo ha asociado con el placer, con la salud y con lo sobrenatural.

“El vino nos confortará y sostendrá a través de las pruebas y dificultades de esta tierra”, le dijo su padre a Noé. Guiado por estas palabras, Noé comenzó a cultivar uvas tan pronto como abandonó el arca. Según la creencia, Jesús había convertido el agua en vino. Desde la Antigüedad, se ha utilizado también para tratar diversas afecciones.

Con frecuencia, se agregaban hierbas medicinales al vino para luego ser ingerido de esa manera. Esta práctica poseía un doble propósito. El alcohol del vino conservaba las hierbas y, además, le otorgaba al remedio un sabor más agradable. Hipócrito recomendó su utilización para una gran cantidad de casos: como tónico, sedante y somnífero, como desinfectante, para aliviar el dolor, los dolores de cabeza, la indigestión y para problemas cardiovasculares. Durante las últimas décadas, las investigaciones han confirmado los beneficios del vino para el corazón. Diversos estudios han demostrado una incidencia significativamente menor de enfermedades cardiovasculares entre los habitantes de los países del Mediterráneo que entre los habitantes de Europa central y del norte. Esta diferencia se ha atribuido al consumo periódico de vino tinto, como es la costumbre en las regiones del Mediterráneo. Sin embargo, el vino contiene alcohol y parece existir un límite mínimo entre las cantidades de alcohol saludables y no saludables en la dieta.

La eficacia del vino

Se han identificado más de mil sustancias químicas diferentes en diversos vinos. Cada uno es único, de acuerdo con las uvas utilizadas, la región donde fueron cultivadas y las condiciones climáticas específicas que se presentan en cada estación en particular. Las cantidades determinadas de estas sustancias y su combinación le otorgan un sabor, un color y un aroma característicos. Cada litro contiene alrededor de 100 cm3 de alcohol, además de glucosa, minerales, microelementos, vitaminas, diversos ácidos, taninos y compuestos químicos aromáticos. En particular, los vinos tintos también son ricos en antioxidantes, en especial en polifenol. Además, estos valiosos compuestos químicos pueden encontrarse en grandes cantidades en jugos de frutas y verduras. De esa forma, no son demasiado estables, pero el alcohol del vino permite conservarlos.

La protección contra ciertas enfermedades
Las personas que consumen cantidades moderadas en forma periódica no solo son menos suceptibles a sufrir enfermedades coronarias, sino también tienen, en general, una vida más prolongada que aquellos que  no consumen alcohol. El alcohol ayuda a reducir los niveles de colesterol, actúa como anticoagulante y mejora la circulación. Esto aumenta el flujo de oxígeno al cerebro que puede contribuir a detener el deterioro de la función cerebral asociada con la vejez. Sin embargo, como el consumo  periódico de otras bebidas alcohólicas no ejerce el mismo efecto sobre la función circulatoria, los beneficios del vino relacionados con la salud no parecen atribuirse solamente al alcohol. Es probable que se deban en gran  medida a uno o más del resto de los compuestos químicos que contiene.
El vino también aumenta el apetito y ayuda a la digestión. Evita la formación de cálculos renales y parece reducir el riesgo de cáncer. Beber cantidades moderadas de vino reduce los efectos del estrés sobre los vasos sanguíneos y las células nerviosas. Disminuye además la insulina y aumenta los niveles de estrógeno en sangre.
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