Saturados de mentiras

El mito de las grasas.Desde aproximadamente 40 años que somos constantemente advertidos por las autoridades de salud sobre las grasas saturadas y sus supuestos efectos nocivos en la salud. Nos han hecho creer que eran malas, culpables de las dislipemias (alteraciones de colesterol en sangre), enfermedades cardiovasculares, ACVs, infartos y obesidad (entre otras condiciones) y que debíamos reducirlas lo máximo posible.
Han logrado que una simple mentira se convierta en un dogma. Y llegó tan lejos que cambió la mentalidad de una población entera: volviéndonos una sociedad fóbica a las grasas.

¿Como llegamos a esto?

Todo empezó en los años 50 cuando un fisiólogo estadounidense, Ancle Keys, buscaba la causa a los infartos tan característicos de la época. Él publicó un estudio en el que analizaba la relación entre el consumo de grasa y el riesgo de sufrir un infarto. Los resultados mostraban una relación lineal directa: cuanto más calorías provenían de grasa, más alto el riesgo de morir por enfermedad cardiovascular (EC).
Japón representaba el punto más bajo, con menos de 10% de calorías provenientes de la grasa y la menor mortalidad por EC, mientras que EEUU representaba el punto más alto, con 40% de calorías provenientes de la grasa y la mayor mortalidad.

Lo que nadie sabía

A pesar de disponer la información de 22 países distintos, Keys seleccionó solamente aquellos que respaldarían su teoría, dejando afuera a países como Holanda, Francia e Inglaterra (donde el consumo de grasa era alto y la muerte por EC baja).

Por otra parte, la información que él consideraba consistía en meras asociaciones (estudios epidemiológicos observacionales), que no necesariamente eran causa-efecto. Había muchos otros factores que él no tuvo en cuenta: como que ciertos países salían de una guerra (Italia), que otros consumían grandes cantidades de azúcar (EEUU) o que llevaban una dieta macrobiótica equilibrada (Japón).

Gracias a los “descubrimientos” de Keys, se propuso y aceptó la Hipótesis de los lípidos, que establece que:

  • El consumo de grasa saturada aumenta los niveles de colesterol en sangre.
  • Niveles altos de colesterol en sangre están relacionados con una mayor mortalidad por enfermedad cardiovascular.

A pesar de que la idea fue rechazada por miles de científicos de renombre de la época y que ningún estudio compruebe hasta el día de hoy lo que él decía, Keys logró establecer relaciones personales que lo posicionarían como “el experto en nutrición más influenciable del siglo 20” (Según la tapa de TIMES magazine en 1961).

Keys logró unirse al comiteé de nutrición de la Asociación Americana del Corazón, (AHA) que en 1961 recomendaba a pacientes con riesgo cardiovascular, limitar su consumo de grasas saturadas.

Al mismo tiempo Eisenhower (el presidente de EEUU) sufrió de un infarto y Keys aprovechó este momento tan mediático para influenciar a su médico de cabecera (a quien era muy allegado), quien salió a hablar en público y recomendar una dieta baja en grasa. En 1977 se publican en los Estados Unidos las guías dietarias que recomiendan reducir el consumo de grasas al 30% y específicamente el de grasas saturadas a un 10%. Cabe destacar, que esta decisión fue tomada por George Mc Govern (senador de los estados unidos ) y su comité (que consistía de abogados y allegados, pero ningun profesional de la salud).

A pesar de que estas recomendaciones fueron cuestionadas por muchos investigadores, sus opiniones fueron evadidas/rechazadas y la USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos)adoptó estas recomendaciones por las cuales promovía una dieta baja en grasa y alta en hidratos de carbono (lo que derivó en la tan conocida pirámide nutricional)

Gracias a las recomendaciones de Keys los profesionales del mundo entero recomendaban a sus pacientes cortar las grasas saturadas provenientes de la manteca, huevos, animales y reemplazarla por pasta, pan, margarina, aceites vegetales y lácteos descremados. La industria alimentaria, aprovechándose de este momento, inundó las góndolas de productos bajos en grasas naturales, altos en harinas/azucares refinados, grasas artificiales, fructosa y conservantes. Los índices cada vez más altos de obesidad y enfermedades cardiovasculares hablan por sí solos sobre el desastre que esto produjo.

¿Se dan cuenta lo dañino que puede resultar cuando intervienen en las recomendaciones de los profesionales los intereses personales/financieros?

Florencia Dafne Raele.

Florencia Dafne Raele.

MN 149560.
Médica especialista en medicina estética y orthomolecular
Post grado en Nutrición
Post grado en Medicina Ayurveda
Nutricion Holística (IIN)
Nutrition / Fitness Coach
Florencia Dafne Raele.

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