Una buena limonada es saludable, casera y tanto o más atractiva que cualquier bebida embotellada. En estos días de primavera, los invito a conocer vida y milagros del limón para saber preparar las más deliciosas.

Hasta no hace mucho, hablar de limonada nos sonaba extraño a los argentinos. La asociábamos a una bebida de otro lugar o de otro tiempo. Con el auge de la alimentación natural y el renovado menú (también, en muchos casos, el consabido esnobismo que trajo aparejado), era imperativo que las bebidas siguieran el mismo espíritu que la comida: hecho en casa, libre de conservantes, aditivos, sabores naturales.

Cuando a principios de 2007 comenzamos Natural Deli, no ofrecer gaseosas industriales en un restaurant era motivo de que algunos se levantaran de la mesa y buscaran algún otro espacio “coca- friendly”. Nuestra oferta de bebidas se circunscribía a limonadas, “iced teas”, jugos naturales recién extraídos, cervezas artesanales y vinos orgánicos. Hoy, ocho años después, la limonada es una bebida que se impuso y que podemos encontrar en distintas variedades, en cientos de lugares. Nuestra versión endulzada con miel y perfumada con jengibre causó sensación. La servíamos en vasos de medio litro y con abundante hielo. No la hacíamos “frozen”, como se hace en muchos lugares, porque nunca me pareció agradable hidratarme con un helado.

Una limonada es básicamente una mezcla de limón, agua y azúcar. Tiene bastante más agua de lo que se imagina, ya que se trata de una bebida liviana: es agua saborizada con limón, de la cual deberíamos poder tomar medio litro cómodamente. Un error común es prepararla con mucha cantidad de jugo de limón lo cual fuerza a contrarrestar con más cantidad de azúcar dando como resultado una limonada demasiado agresiva que hasta puede ser agradable en el primero y segundo trago pero se vuelve intolerable para tomar en mayor cantidad.

Una correcta limonada es el resultado de un perfecto balance entre la acidez y el sabor de limón, que siempre debe ser protagonista, el dulzor que no debe ser excesivo si lo que buscamos es una alternativa saludable y algún toque personal, sobre los cuales nos detendremos en la próxima nota.

Entonces, ¿preparar una limonada se limita sólo a mezclar agua con jugo de limón y azúcar? Técnicamente eso sería, en efecto, una limonada. Pero las formas para prepararla son muchas. Veamos.

Hay quienes preparan una infusión con los limones (que siempre deben ser orgánicos y/o sin la película de cera que los recubre), agua y azúcar, luego lo dejan enfriar y le agregan agua carbonatada. Otros procesan los limones con el azúcar y un poco de agua hasta lograr un puré con la finalidad de extraer al máximo posible todo el sabor del cítrico, corriendo el riesgo de llevarse también el amargor que suele tener, según las variedades y la época del año. Esta es una cualidad que a algunos les interesa obtener para que a la acidez y al dulzor se le agregue un toque e amargor. El agregado de azúcar puede hacerse en directo, o bien, hacerse bajo la forma de un almíbar, lo cual garantiza la perfecta disolución del azúcar y hasta agrega una mejor textura a la bebida. Hablar de texturas en un líquido puede sonar raro pero es algo perceptible. Siempre me he preguntado por qué las bebidas cola se esfuerzan tanto en replicar en sus versiones light, que son cada vez más, el sabor de la original, ignorando que el azúcar o jarabe presente en esta última es lo que, en realidad, hace la gran diferencia.

La limonada, si bien refiere al limón, también admite otros tipos de cítricos como lima, pomelo, naranja, mandarina, limón sutil… y hasta quinotos! En todos los casos, el agregado de jugo de limón es siempre recomendable ya que, por tratarse del más ácido de la familia, es el encargado de impartir acidez y frescura.

En la próxima nota me detendré en todos y cada uno de los ingredientes que componen una perfecta limonada y compartiré dos fórmulas infalibles: una básica y otra endulzada con miel y perfumada con jengibre

Gracias por leer!

Pedro Lambertini                        

Pedro Lambertini

Pedro Lambertini

Pedro Lambertini nació en Córdoba. A los 12 años se mudó a Buenos Aires y desde muy joven viajó por Europa, vinculando la comida y las diferentes culturas. Ya de pequeño cocinaba para familiares y amigos, especialmente influenciado por la cocina italiana de su abuela Rosa Mainero. Más grande, preparaba dulces y tortas por encargo para tiendas. Su experiencia laboral creció pasando por el hotel Caesar (junto a Germán Martitegui y Beatriz Chomnalez) y Sucre (junto a Fernando Trocca), entre otros. Tuvo un proyecto de cocina propia con servicios de pastelería gourmet para bares y restaurantes exclusivos. En 2006, Michael Legge le propuso abrir un restaurante con productos naturales y orgánicos. Así surgió “Natural Deli”, que desde entonces ha aparecido en numerosos medios de prensa, nacionales e internacionales, con sus recetas o prestigiosas críticas gastronómicas.En junio de 2011 se estrena “UNO Único, Natural y Orgánico”, su primer programa de televisión en la señal El gourmet, dedicado a productos de pastelería y panadería integral, utilizando cereales, semillas y granos para lograr productos ricos, nutritivos y novedosos. Desde entonces su presencia televisiva continúa: participó en las temporadas III y IV de la serie “Gourmet Responde”, protagonizó “Frutos de la Sierra. Córdoba” (2012) y en 2013 su tercer ciclo orientado 100% a la cocina saludable desde un lugar poco ortodoxo, filosofía que Pedro permanentemente divulga a través de sus distintas actividades. En 2014 estrenó su primera serie íntegramente grabada en el exterior (Alemania).
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