Nacidos para amar

Ama. Ama sin condiciones, ama sin límites, ama porque se conoce e irradia ese mismo amor que se tiene hacia aquellos que están cerca.

Puede ser en forma de angustia generalizada, quizás con irritabilidad o mal humor pero tarde o temprano el vacío existencial se siente cuando no lo afrontamos, cuando no revisamos nuestro esencia y nos preguntamos profunda y valientemente sobre el sentido de nuestra vida.

El vacío interno se expresa y siente de muchas formas y sobre todo se intenta tapar de miles de maneras también. La expresión más simple para convivir con este vacío es llenarlo con objetos, o sea con materialidad. Suena lógico, pareciera ser bastante simple llenar agujeros con cosas. Todo aquello que se compra, sin embargo, al final del día puede ser muy barato porque… ¡lo verdaderamente importante no puede adquirirse por esta vía! Llega el día en que aunque sigamos comprando, el vacío no desaparece; aunque tengamos cada día más, esa molestia en el pecho sigue presente.

Existen otras formas de llenar este vacío y es con la mirada externa que nos valida. La aprobación de los otros, de la mirada social, puede ser un buen bálsamo también para el vacío existencial y la capacidad automatizada de quitarle conciencia. La admiración de la sociedad en general o de nuestros afectos en particular puede ser definitivamente crucial para intentar llenar nuestra alma cuestionadora. ¡Qué gratificante que nos reconozcan y feliciten, que aprueben nuestras conductas y comenten nuestros logros! Cuánto riesgo también hay presente en que estas acciones empiecen a alejarse de nuestros verdaderos deseos y valores personales por quedar atrapadas en la necesidad de que nuestro hacer este orientado casi únicamente a satisfacer la aprobación y exigencia social.

¿Podría nuestra propia persona, el registro consiente de nuestra propia experiencia llenarnos? ¿Podríamos a través de un profundo autoconocimiento, desarrollar la capacidad de acompañarnos? ¿Podríamos de esta forma conectarnos con el registro de ser valioso y único y solo por eso ya ser alguien especial? En ese caso, a mayor registro personal e interno, a mayor conexión y autoconocimiento, ¡más capacidad de dar y darnos!

Una buena forma de comenzar con este registro personal de nuestra esencia más íntima, más profunda y de mayor autoconocimiento es la de empezar por diferenciar nuestra mente, alma y cuerpo para poder luego integrarlos. ¿Qué pensamos? ¿Es lo mismo que sentimos? ¿Qué es lo que hacemos? ¿Actuamos acorde a lo que siente nuestro corazón y a lo que nuestra mente piensa y valora realmente? ¿Con que nivel de reflexión nos manejamos por la vida? ¿Funcionamos en forma impulsiva o integrada?

Conocernos es complejo y trabajoso y, a la vez, una de las experiencias más maravillosas de nuestra vida porque, lleva tiempo y dedicación, pero todo ese tiempo invertido es rápidamente recuperado en sabiduría de vivir. La conexión profunda con nuestro yo y el autoconocimiento nos permiten corregir exageraciones, manejar ansiedades, controlar impulsos y sobre todo dirigir sabiamente las acciones. Todo este proceso redunda en mayor presencia personal que, como el tronco de un árbol que ha ido creciendo fuerte y sólido, sabe dar buena sombra y recuperar con nuevos y mejores brotes cada hoja descartada.

Por fin comprendemos que la persona integrada y profunda es valiente para conocerse y auto desarrollarse pero lo es mucho más para, como consecuencia natural de ese proceso, poder ver a los otros en forma más clara y generosa. Se descubre y confirma como creación amorosa pero sobre todo reconoce a los otros de la misma manera.

Ama. Ama sin condiciones, ama sin límites, ama porque se conoce e irradia ese mismo amor que se tiene hacia aquellos que están cerca. Ama comprendiendo, ama esperando, ama escuchando, ama sonriendo; ama en silencio, ama apoyando, ama creando; ama al recordar y ama al proyectar; ama con sus lágrimas, ama con sus sonrisas, ama con sus mimos, ama con sus acciones, ama con sus miradas.

En definitiva, si queres amar, si queres conocer esa conexión profunda que puede unirte a los otros, comienza por conocerte, por abrazarte y cuidarte, por entenderte y perdonarte.  Allí encontraras la verdadera fortaleza y sabiduría para ver y recibir al prójimo. Para comprenderlo y esperarlo, para amarlo como necesita porque así el también se sentirá una creación amorosa nacida por amor, para amar.

Milagros Olivera

Milagros Olivera

Counselor. Creadora de Luminariaz. Entrenamiento en Habilidades Sociales.
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